Las Manos de mi Madre
No tenia mas de 7 años, vivíamos en el campo, el sostén familiar en ese momento era el cortadero de ladrillos, si bien mi familia siempre fue de clase media/baja, la economía del país para ese entonces no era la mejor, el área de construcción estaba muy perjudicado por esta situación y por ende nuestra posición paso de ser baja a diminuta.
Yo, feliz siempre, era muy pequeña, no sufría estas situaciones, tampoco me daba cuenta los malabares que hacían mi papa y mi mama para traer un plato a la mesa.
Recuerdo aun que cuando podían, compraban de Leones, la pulpería tradicional del pueblo, un tarro de cartón que contenía dulce de leche, mi felicidad en ese momento era inexplicable.
Solo mi madre podía abrirlo, lo hacia día de por medio, después de almorzar, agarraba una cuchara de Té y nos ponía en el plato esa diminuta medida a cada una.
Era mi postre preferido, recuerdo como lo saboreaba lentamente, con la cucharita iba llevando a mi boca poco a poco, deseaba que ese momento fuera eterno, sentía como mis glándulas gustativas se deleitaban con ese manjar, no había nada mas placentero...
Claro esta, que lo que a mi me causaba placer, a mis padres le producía tristeza y preocupación.
Pero si algo no les faltaba, ademas de su amor desmedido por sus hijas, era la capacidad para salir adelante de cualquier situación.
Siempre fueron todo terreno, si no sabían hacer algo, insistían hasta aprender, como cuando se hicieron los albañiles y desarmaron incontables de veces el piso de la cocina porque los mosaicos empezaban derechos y terminaban en diagonal.
Las manos de mi madre, no solo cumplían con el rol de ama de casa, también acompañaban a las de mi padre, no había distinción de géneros para ellas.
Hábiles y artistas, tejían como los dioses...
También cosía para una tienda, de grande me entere que lo padecía ...
En cambio, para mi, era pura magia, amaba verla, el sonido del pedal que hacia girar la rueda de la maquina era musica para mis oídos, no podía entender lo maravilloso de ese sistema, ella movía el pie y hacia que la aguja cosiera, era realmente fascinante.
Ana Gregorio

Modelo Gabriela Delavy
Vestuario MGDphotoprops